Javier Jimenez

Almas que se Extrañaban

ALMAS QUE SE EXTRAÑABAN

 

Te recordaba así...

mirada alegre, sonrisa cautivante,

esa luz que pasa... que queda... que vuelve,

ese abrazo capaz de hacer del instante un lugar importante.

Te recordaba así... impactante.

 

Fuiste apenas un mes... menos una semana, fuiste una historia sin reproches...

Fuiste mi llanto una semana... y quinientas noches...

tan poco en el tiempo... tanto en la memoria.

Una historia breve para cualquier calendario,

pero inmensa donde el alma guarda su historia.

 

Y pasaron los años...

más de veinte años, caminos... destinos... olvidos fingidos.

Hasta que apareciste otra vez

y algo dentro de mí reconoció lo que creía dormido.

 

Volvió el miedo... y la alegría!

el mismo de aquella llamada anónima,

cuando marqué solo para escuchar tu voz... acariciar la mía,

sin palabras, sin nombre... conmigo escondido detrás del grito mudo de mi alma...

y el corazón hablando por los dos, intentado mantener la calma.

 

Volvieron mis manos húmedas... inquietas,

esa torpeza que pensé perdida.

Tu presencia cerca... tan cerca,

y la calma volviéndose tormenta dentro de mi vida.

 

Y nos abrazamos...

 

Tal vez fueron segundos...

tal vez veinte años apretados en un instante.

estallando en mi unas emociones crepitantes...

Mis brazos te reconocieron antes que mi memoria... cautivante!

y tu abrazo seguía siendo refugio... cálido... reconfortante.

 

Pero había algo más...

 

Algo antiguo y nuevo recorriendo la piel,

una emoción dormida despertando otra vez... otra vez...

tu respiración cerca de la mía, erizando mi espíritu... deseando compartir el espacio donde estés!

mi cuerpo sintiendo lo que mi razón apenas conseguía entender.

qué eres quien consiguió, hasta en tu ausencia... mi corazón prender.

 

Te miré...

no como aquel muchacho que un día te quiso,

sino desde todos los años que quedaron en el camino...

preguntándome cuánto de aquello se había perdido

y cuánto, en silencio... había permanecido conmigo.

 

Entonces desaparecieron los años...

las ausencias... las distancias... las vidas vividas.

 

Quedó tu calor cerca del mío,

el deseo sutil de permanecer allí... un poco más...

como si nuestros cuerpos apenas fueran el lugar del encuentro.

como si ese beso fuese capaz de aliviar todo mi peso...

 

Porque no eran cuerpos... eran recuerdos... emociones... latidos que se encontraban... 

eran dos almas que, sin saberlo, todavía... se extrañaban.